Tuesday, January 02, 2018

Invocaba

Me encuentro en esa encrucijada donde las palabras se desintegran en una especie de pared abstracta. Busco invocar esos vocablos que puedan describir aquello que anhelo escribir como síntoma de algún tipo de idea.

Retomo lugares donde mi deambular azaroso pueda llevarme por ese extraño almacén que es la memoria, que construye con imperfectas visiones cierto halo de mensaje que no entiendo esta noche. Invoco a esa voz que susurra en mis células que escucho cuando bailo algún tipo de ritual urbano.

Pero estos días sólo son susurros, voces lejanas que no puedo captar sus mensajes, como un eco que difuminado en la atmósfera se transforma en un idioma que no logro comprender, un idioma cuyos arcanos esconden un mensaje que por alguna razón considero importante...

Todo esto está en esa especie de bruma oceánica y sólo puedo hacer una sola cosa: sentarme relajado en la orilla y contemplar esta imagen desdibujada, sabiendo que todo no lo puedo comprender.

Thursday, January 14, 2016

Buscando el reencuentro

Hace tiempo que busco un lugar dentro de mí que olvidé en algún instante donde se cruzó cierto tipo de fatalidad. Lo trágico es que lo perdí despacio, difuminado en el transcurso de la vida sin que me diera cuenta, ajeno a lo que estaba desvaneciéndose. Fue como el agua que va desapareciendo poco a poco sin que uno se dé cuenta. Un día, sin más, deja de estar ahí.
Hoy reparo que de alguna forma tengo una especie de vacío misterioso que me recuerda que antes estaba ocupado por algún fragmento de mí. Al fin y al cabo, el alquimista que jugaba con las palabra se evaporó dejando este vacío.
Ahora quiero recuperarlo de alguna forma. Tal vez con estas palabras, tal vez disfrutando de la suite nº 1 de Bach, tal vez releyendo algún que otro poema de Benedetti o algún cronopio de Cortázar o algún cuento de Borges. No tengo otro mapa que recorrer que éste que fui dibujando hace muchos años en noches despejadas, con los pies rozando las olas del mar donde se reflejaban las estrellas.
Sólo espero que estos párrafos despierten a esa parte de mi que llevo dentro, ese ente que sigue gustándole jugar con las palabras para descubrir paraísos en lugares remotos de mi subconsciente, entre los átomos azarosos que componen mis neurona y donde se reencuentra esa criatura más humana que aspira a elevarse para preguntarse por qué.

Thursday, April 04, 2013

Fuego

La casualidad es esa frontera que se pueden producir encuentros donde fluyen los elixires de la creación. Ellos bordearon ese límite de lo fortuito y sus miradas se cruzaron en un lugar indeterminado de su hogar. Hacía tiempo que el fuego no fraguaba en sus pieles y el deseo pululaba como un reguero de pólvora buscando un suceso azaroso que encendiera la primera llama que propagara la combustión fútil de sus carnes. Y así, una mirada furtiva, prendió la mecha de la gran hoguera de los deseos.
Las caricias comenzaron con un pequeño roce de una de las manos sobre una mejilla, produciendo ese ligero revoloteo de mariposas que se produce en las entrañas. Como sabiendo lo que sucedía, otra mano se metía por entre las pocas ropas que se definían como fronteras de lo prohibido, para acariciar el abdomen donde las mariposas rebotaban como intentando escapar de su jaula de carne. Y así, entre caricias, ligeros susurros que transportaban palabras encendidas, caídas vaporosas de ropa y furtivas caricias en lugares de deseo, se produjo una explosión cósmica cuya única causa era desintegrar los cuerpos en el fuego azul de la pasión.
Como elevados a un metro del suelo, se deslizaron hacia la cama más cercana de la casa y la poca ropa que quedaba, cayó en los aledaños dejando los cuerpos desnudos, libres para poder ser acariciados, lamidos, aprisionados en las manos llenas de deseo, de sexo, de embriagador sexo y desdibujar los límites de los cuerpos, formar una masa indefinible, convulsa.
Así, el deseo se convirtió en caricias, las caricias en placeres y los placeres en súbitas explosiones de más deseo. Todo se tornó onírico, perplejo, embriagador, deslizándose entre dos realidades: la pasión y el olor. Pronto los roces se convirtieron en posesiones, en movimientos rítmicos que hacían vibrar los cuerpos a tempos acompasado. El sudor acompañaba la melodía de los gemidos, los sexos se frotaban vibrantes y las lenguas lamían el fuego embriagador, poderoso, recorriendo los lugares más íntimos, aquellos donde los apetitos sexuales se recrean con mayor delirio de los sentidos, esos donde las prohibiciones están más arraigadas, más sometidas por el vulgo, porque temen convertirse en dioses a través del deseo.
Entre lenguas, caricias, sexos excitados, movimientos rítmicos, anhelos prohibidos, posesiones desbocadas, se acercaban cada vez más al instante del placer máximo, del clímax embriagador que hace desaparecer toda razón, toda forma de ridícula humanidad, toda condensación carnal, para convertirse en fuego puro, deseo luminoso, respiración extasiada y espasmos de placer,  detonando una explosión luminosa de gozo.
Al final los cuerpos se relajaron, se sedimentaron en el fondo del reposo, condensados otra vez en esa pequeña y ridícula humanidad que somos todos, pero trayendo en sus átomos ese paraíso prohibido que el sexo abre de par en par.

Thursday, June 30, 2011

Sueño literario

A Tuti.

Formaba parte del ritual: las mañanas del domingo me sentaba delante del ventanal y derrochando tiempo disfrutaba del plácido mediterráneo.

Estaba desparramado en un viejo sillón de mimbre, recién levantado, medio desnudo, con las telarañas del último sueño en la cara y los pies, apoyados en la repisa del bajo ventanal, sobresalían del apartamento acariciados por una suave brisa. Podía oler el salitre del mar y al fondo, ese azul mágico, salpicado por el blanco de algunas velas.

Me dejaba sentir y observaba los pensamientos que desde la profundidad de mi interior se manifestaban como pompas de jabón, todas de diferentes tamaños, con diferentes temas, diferentes sensaciones que a su vez alimentaban otros pensamientos.

Así recordé el último párrafo que leí en la noche como una vaga idea, comenzando ese baile de pensamientos que a veces conecta con el lugar de donde emana los recuerdos literarios. Era un trozo de un poema de Alexandre, “Asciendo levemente desde el fondo de mi reposo”, y era como me sentía en ese momento ascendiendo desde un lugar profundo, abstracto y sin conexión alguna con la realidad, creación autónoma de un universo donde me siento humano. Pronto me desplace al beso entre Horacio y la Maga en Rayuela, estructura literaria de Cortázar, con esa estética peculiar de Julio y convirtiendo un acto sencillo y humano en un ritual místico. Y siempre conecta, es decir místico y Borges reclama su lugar en mi pensamiento con su templo circular, su biblioteca de babel, su universo plagado de singularidades geométricas, imprecisas, sólo definidas por fórmulas que ni el mismo Gauss podría soñar.

Viene un parón, siempre sucede algo así. Tras una oleada hay una pausa para cambiar de tercio. Esta vez retrocedí tanto que me encontré con los místicos, San Juan y Santa Teresa, recordándome que lo espiritual es ese lugar donde podemos acercarnos a nuestros propios arcanos y a nuestro misterio humano que siempre intentan conectarse con un algo superior, construyéndolo sobre una voluntad divina con minúsculas que se acerca más a la locura. Y el Quijote me asiste para definir esa locura lúcida, donde las nuevas verdades están en un límite vanguardista, ajena a la razón cotidiana, sometida a la actualidad, y que será comprendida por otra razón futura.

Y al final, tras el viaje siempre llego al mismo sitio, a ese lugar donde me siento protegido, con lo abstracto, lo místico, la estructura estética, la locura lúcida y la divina humanidad: La selva Pessoa.

Tuesday, April 26, 2011

Suite nº1 de Bach

Prefacio

Me deberán perdonar los entusiastas de Cortázar, en los que me incluyo. Intentaré ser un mediocre aprendiz de sus maestrías a la hora de describir aquello tan indescriptible e intangible como es la música. Experimentaré con las palabras para que describan los paisajes interiores que descubro gracias a esa grandeza creada con simetrías, ritmos y estructuras más allá de la conciencia cotidiana.

Preludio

Toda vida consta de instantes sucesivos que describen un flujo desorientado, o con una orientación oculta a nuestros sentidos, que es otra forma de definir la desorientación. Todos ellos los podemos captar en un singular tapiz que con los años, los menos relevantes vamos obviándolos, confeccionan una especie de tejido que nos define como un paisaje indefinido en sus bordes y siempre cambiante. Sin embargo, de vez en cuando sucede algo que se graba en nuestra memoria como una singularidad concisa, como un parche que contrasta con el fondo cotidiano.

Vagabundeaba entre cuadros intentando percibir si podría descubrirme en alguna sensación que ocasionalmente y con toda intención, los pintores pretenden provocar con ese juego que denominan Arte. En esta ocasión era una colección de varios artistas que otro, un músico, había ido reuniendo con el único criterio de su satisfacción como contemplador. Sin embargo, la epifanía no surgió esta vez entre colores y formas. Las simetrías serían de otra índole.

Había una gran pantalla en el centro de la sala. Un violonchelista estaba preparado para ejecutar una pieza. Se hizo el peculiar silencio que precede a toda interpretación y el solista inspiró.

La emoción.

Sonaba como un río, como un manantial de gozo que se derramaba delante de mí como si surgiera de un arcano que por fin se nos manifiesta con todo su secreto en nuestro pensamiento. Exhibía sus perfectas simetrías que al juntarlas creaban nuevas regularidades de mayor complejidad, construyendo sucesivamente fractales recursivos que mostraban todo tipo de mágicos conjuros. Se podía escuchar cada nota independientemente y descubrir su propio protagonismo dentro de un conjunto sin romper la estructura coral. Una tensión equilibrada y creadora entre individuo y conjunto, definiendo en varios niveles todo tipo de complejidades abstractas. Y todo debatiéndose entre la creación y la muerte, entre revelarse o perecer, en una linea de tiempo que se curvaba ante tanta majestuosidad. Todo ello corriendo hacia una dirección precisa, un objetivo concreto sintiendo el tiempo en su torrente antiguo, fluyendo, fluyendo. Así, sentía como mis genes se incorporaban a ese torrente eterno que es la inmortalidad, sometiendo, por fin, al tiempo. Hasta que al final, en un éxtasis de sensualidades y nuevas verdades, entre lo sexual y lo divino, terminar en un estrepitoso silencio.

Final.

Quedé inmóvil, sin aliento, reteniendo la respiración que es como a veces puedo parar el tiempo, asirlo entre mis manos con fuerza, e intenté permanecer en ese instante eterno, único, saboreándolo, y que ya iba quedando en el pasado. Zurcí fuerte este momento como un parche que nunca olvidaría a ese tapiz que es mi vida, para contemplarlo cuando esté al borde de la tumba y recordar y decir: Sí, viví.

Monday, January 17, 2011

La estructura del instante.

Vivía un momento Bukowski: el alma por los suelos intentando anestesiarme de mi mismo.

No sé como llegue a ese estado. Comencé con un Chardonnay percibiendo sus aromas frescos y primaverales, disfrutando de mis sentidos y experimentando los diferentes deleites que me iban surgiendo a cada sorbo. Cambié de tercio para pasar a un tinto con toques a frutas del bosque, alegre, vivo, que de alguna forma te florecía en la boca. Pero al final, el alcohol es ese elemento fantasma que se filtra por lugares de tu interior que desconoces y que te revela más allá de tu conciencia estados de ánimo olvidados.

El sentimiento tenía sabores antiguos, como un clásico reserva riojano con sabor a madera de roble americano y un tanto a frutas maduras, vivencia de lo antiguo, sabor del pasado, de un lugar que ya hace tiempo que no recorres. Si que es cierto, que no era de esos pasados con olor a naftalina mezclada con la putrefacción del momento, recuerdos que se adhieren a tu memoria con una fuerza que no entiendes porque más bien te gustaría olvidar.

Simplemente disfrutaba del pasado no añorado, de recuerdos que dibujaban momentos discretos, en la oscuridad de la noche, sólo iluminado con una tenue luz. Sí, en mi anterior vida, vivía algunos momentos siglo XIX: rodeado de velas, desnudo, con libros espaciados por el suelo con las voces de Alexandre, Santa Teresa, en algún momento San Juan de la Cruz, en otros Whitman y siempre, siempre Pessoa. Yo me situaba en el centro y una botella de vino poco a poco se iba vaciando gracias a una copa que usaba para la ocasión. Era un ritual que poco a poco me introducía en un estado de no-conciencia o de olvido de mi situación humana para que adviniera otra forma de vivencia.

Y con esta ceremonia, imaginándome en un templo circular, me introducía en una especie de caverna donde habitaban sombras de un ser indefinido. Observaba, con cierta curiosidad,  imágenes oníricas que dibujaban escenas de una vida aún por vivir, de momentos futuros escritos con mis sensaciones y deseos presentes, extrapolados a un instante de tiempo. Escribía mis primeras líneas y nacía en cierta manera otro ser. 

Sin embargo, hoy todo lo vivía de otra forma: como una viejo relato que ves en tu biblioteca y que ojeas de forma furtiva reviviendo emociones.

Poco a poco el pasado fue entrelazándose con el presente, originando un instante distinto. La línea del tiempo deformó su rectitud para convertirse en un círculo constante, en una especie de bucle infinito. De pronto, entendí el Aleph de Borges. No porque lo razonase, sino porque allí estaba, delante de mi embriaguez. Toda creación surgiendo en el mismo instante, toda historia condensada en un sola partícula de no-tiempo, toda emoción implosionada en un sólo verso. Y como un alquimista embriagado pude ver la estructura del instante, el objetivo último de esa inmortalidad que avanza inexorablemente por el tiempo hasta el fin de nuestros días.

Todo duró un periodo no definido, ni siquiera sé si sucedió. Lo único que puedo decir es que de vez en cuando regurgita en mi memoria un recuerdo que se asemeja a algo parecido a una experiencia que va más allá de mi comprensión. Como mi vida.

Sunday, December 12, 2010

No siempre es igual

A Germán.

A veces las palabras surgen de una idea que he madurando durante tiempo. Va surgiendo poco a poco la estructura de lo que quiero decir, el contenido y por último, el acto de escribir se convierte en una especie de recuerdo, de andar sobre mis propios pasos disfrutando de los pensamientos que durante un tiempo me han ido acompañando en mi vida.

Otras veces, surge de imprevisto, como una especie de luz cegadora, de energía que surge de tu interior como algo urgente que quieres decir, plasmar en palabras. Es una especie de vómito que no dominas desde tu consciente. Tu parte más profunda coge las riendas de tus deseos y comienzas de forma desenfrenada, ajeno a lo que está pasando, a emitir ideas, mensajes desde lo más profundo de tu interior, sea lo que sea eso del interior.

Y por último, está el vacío. Un vacío con algo de contenido, pequeñas ideas que te acompañan como fantasmas que no se manifiestan de forma concluyente, que a veces hacen algún atisbo de luz que enseguida se apagan. Son como partículas inestables que se presentan en esta realidad, pero que sólo se cuelan como de incógnito, como forzados a pasar a este universo, sin formar parte de él.

Y todo esto se somete al tiempo, a ese viejo con esa paciencia infinita que le sale de gratis porque tiene todo el del universo. Por eso, a veces me tengo que sentar al lado de él y observar cómo pasan lo minutos sin que ocurra nada o casi nada.

Thursday, October 07, 2010

Las cuatro estaciones.

INVIERNO

Todo se aletarga, se contrae. Es el momento de bucear hacia abismales lugares donde se esconde nuestros más exóticos pensamientos, adheridos en el núcleo de nuestra corriente de vaguedades, donde implosionamos para intentar descubrir la esencia de nuestros deseos. Es ahí donde, observando con detalle, podemos encontrar varios posibles futuros sin definir, mezclados entre múltiples voces de nuestro interior. Es aún difícil encontrar un proyecto concreto, una imagen nítida donde podamos reconocer algún tipo de realidad.

Todo está bañado por un halo onírico, gélido, donde todo se manifiesta en instantes entrelazados, dirigiéndose hacia el futuro y retrocediendo hacia el pasado a saltos aleatorios que de vez en cuando visitan el presente. Es la esencia de toda creación, el elemento imprescindible para poder explorar posibilidades que pronto se concretarán en un proyecto definible que dirigirá nuestro destino.

PRIMAVERA

Una gran explosión es originada por una idea que se manifiesta, en sus primeros instantes, como una gran descarga de euforia. El tejido de la realidad se llena de colores e innovación, de juventud explosiva que manifiesta su novedad, su lujuriosa forma de vivir embriagada de vida. Todo se contagia de una alegría desmesurada, ilusionada, utópica.

Se describen nuevas formas de pensamiento, nuevas emociones que recrean estados de empatía con todo lo que nos rodea. Es el tiempo de la ilusión, la solidaridad, el instante donde se despliegan todas las posibilidades para la realización, para la materialización en este espacio que nos une. El momento en el que tenemos que buscar todo tipo de mundos imaginarios, explorando las posibles formas de fraternidad. Nada en el camino puede ser un obstáculo, nada puede ser censurado. Hoy es el tiempo que nos congratulamos de nacer o de que volvamos a nacer de otra forma.

VERANO

La maduración de los frutos es un proceso paciente, la intensidad del calor del cariño debe ser constante y bien regulado. No puede haber cortapisas, y si las hay, es el momento de solucionarlas. El día se nos revela como el tempo armonizado de una sinfonía que llena de energía nuestras vidas y la de nuestros pensamientos, construyendo en la realidad los proyectos planificados.

El sol calienta nuestra marmita para cocer todos nuestros deseos y cristalizar en una realidad luminosa, nuestros planeados objetivos. El sueño de las noches acuna nuestras excitantes experiencias y les da ese toque mágico que sólo saben dar los átomos que han ido acumulando energía durante el día. Así, entre el largo día y la breve noche, procesamos los proyectos de la juventud para madurarlos y convertirlos en realidad.

OTOÑO

Caen las primeras hojas y se ultiman los preparativos para recoger los frutos. Es el momento de mirar hacia atrás y observar la transformación. El tiempo donde acumulamos la experiencia, exprimiendo los elixires de la realidad creada. La reflexión lo impregna todo y es el momento de evaluar el resultado. No para destruir, sino para aprender de los instantes creativos y observar los caminos hacia los cuales la acción nos ha llevado.

Así vemos que a veces hemos explorado países exóticos de pensamiento, donde hemos adquirido ideas cristalizadas, gracias al espacio-tiempo vivido. Otras veces, hemos tenido que atravesar áridos parajes que nos han llevado a caminos erróneos sin salida.

Observamos así el motivo último de toda evolución, la esencia que hace que tanto el exotismo, como el árido paraje merezca la pena explorar: vivir y ser vivido.

Thursday, July 29, 2010

Fluir

Respiro conscientemente, unido a un hilo de vida, un sutil y frágil canal que me conecta a este universo donde vivo, combinación creativa de quarks. Así, asciendo levemente desde el fondo de mi inconsciente hasta los bordes de mi consciencia, intentando vivir otros mundos, otra realidad sin palabras, sólo formado por puro verbo. Y aquí experimento esa sensación que me ha acompañado toda mi vida, oculta entre la marea de pensamientos que forma mi no-ser: fluyo.

Fluyo con el tiempo de mi existencia, acompasado en una variedad de ritmos. Unas veces definen sinfonías serenas y me derramo con el compás del momento puro presente, donde los planes dejan de existir y los recuerdos pierden el sentido, porque forman parte de otro yo transmutado. Otras veces, el ritmo es destructivo, arrasando todo producto de equilibrio, transformándome más humano, y después más simio. Es un ritmo donde mis átomos luchan con un odio mutuo donde desean acabar con la existencia del prójimo, olvidando que se necesitan para existir. También fluyo con los ritmos entrelazados de los opuestos, desconcertado, sin objetivo, dejándome llevar. Y así, con diferentes ritmos, ora sublimes, ora ruinosos, emano producto del tiempo.

Fluyo con los semejantes que me rodean, trazando una red de influencias mutuas, de sentimientos que forman un tapiz de voluntades comunes interdefinidas. Así, me difumino en la trama colectiva, a veces con objetivos individuales, a veces de forma inconsciente, dejando en la red mis propios ideales y estos a su vez influenciados por los comunes. Confieso que existe una obstinación propia en influir en la red, pero el flujo es vasto e intenso y con la edad comienzo a pensar que toda esta influencia individual es mínima, exigua. Sólo me queda la insistencia de la gota de agua cayendo sobre la roca y que con el infinito tiempo de su parte, es capaz de moldear idearios irregularidades, transformado por el fluir del infinito.

Fluyo en mi mismo, entre los pensamientos que emergen desde los estratos más profundos de mi interior y los que se crean de mi percepción, buscándome, observándome desde el acantilado de mi consciencia moldeada por esta corriente entre mi interior y mi exterior. Así, me vivo en perpetuo dinamismo, cambiándome de forma, descubriendo que la mutación de mi estructura es lo que hace que tenga esta sensación de vida.

Y así entre diferentes flujos, confluyendo en la singularidad que soy, descubro que mi vida no es un río que pasa, sino más bien, una red fluvial con sus diferentes objetivos, trazado en un equilibrio ecológico, vivo. Como simio-humano que soy, a veces me descubro intentando someter estos flujos a mis deseos, y no consigo otra cosa que desestabilizar el equilibrio natural establecido por el entrelazado de influencias. Así, el sufrimiento emerge de mis apetitos caprichosos, de mis voluntades de simio y se empecina en reinventar los trazados naturales de los flujos y reflujos. Hasta que un día, en un instante donde salto de simio a dios, me hago consciente de que la libertad no surge de la realización de mis pretensiones, sino de nadar entre todos estos flujos: viviendo los ritmos adecuados, disfrutando de las personas que me acompañan y viviendo intensamente mi interior poroso.

Monday, June 14, 2010

Después del Bing Bang.

Todo universo que merece la pena vivir comienza con una gran explosión, materializando en una realidad lo que existía en otra. Así, todo sueño se cumple con un esfuerzo de querer llevarlo a cabo y el amor no comienza sino con una gran explosión de sentimientos.

La literatura siempre se ha focalizado sobre la descripción de esta gran explosión emocional. Describe las singularidades de la vida resaltando la peculiaridad, lo que acontece de forma extraordinaria. Nos describe con detalle las diferentes maneras de iniciar el universo de sentimientos que dos personas crean en el momento de enamorarse.

Pero toda gran explosión deviene en el proceso expansivo del universo: la calma sustituye a la excitación, lo cotidiano a la excepcionalidad y el instante que marca el recuerdo al tiempo sosegado. Y es aquí donde algunos amantes confunden enfriamiento térmico con muerte cósmica. Olvidan que gracias al enfriamiento comienza a materializarse los componentes básicos de la creación de la materia y de ahí surgen las estrellas que como embriones explotan y derraman la creación engendrada en sus núcleos para producir nueva materia, nuevos planetas y en ellos nueva diversidad de vida.

Sin embargo, cuando la pasión se templa, se diluye en el transcurso del presente, nos olvidamos de que ahora, nosotros, como dioses de nuestros sueños, debemos materializar los componentes básicos, los átomos necesarios para construir el amor sosegado, el que nos eleva transformándonos en otros seres. Se nos olvida que en esa gran explosión se fusionan dos universos, tal vez opuestos, para transmutarse en otro elixir, otra forma de ver la vida. No es la dominación del uno sobre el otro o el acuerdo racional de las equidistancias, es la mezcolanza no consciente a la que se lanzan dos personas de mutuo acuerdo, para que ambas partes desaparezcan y se tornen en otra realidad.

Así comenzamos a amar bien y no a amar mucho. A darnos cuenta que perdonar es un sentimiento íntimo que surge de nuestro interior y no un recurso para poder convivir con alguien. Aprendemos a tener autosuficiencia emocional, nos comenzamos a apreciar y desde esa atalaya observamos el mundo que nos rodea con tolerancia, con comprensión, con ánimo alegre y optimista, viendo todas las oportunidades que nos rodean, que nos enriquece y que nos ayuda a crear un universo vital, enérgico, creativo, original. Nuestro amante, no es ese individuo del que depende nuestro estado de ánimo, no estamos sumisos a su voluntad, ni él a la nuestra. Nuestro amante es la persona que te hace ver que eres único, particular, autosuficiente y que tienes una oportunidad para crear un cosmos nuevo, íntimo, interpersonal y una vez que sientes esta sensación, se queda grabado en lo más íntimo de tus células para el resto de tu existencia.

Y así, construyendo nuevas galaxias, mezclando tus átomos oníricos con los suyos, construyendo planetas de consciencia, galaxias de realidades comunes, se va construyendo un nuevo ser que no eres ni tú, ni tu amante, sino otra cosa que piensa, siente, crea y destruye con su propia conciencia, la conciencia creada de la mezcla de ambas voluntades hasta convertirnos en un vacío de dimensiones variadas que contienen un universo.

Monday, April 05, 2010

Un instante detrás de un universo

Deslizo mis dedos sobre el teclado haciendo tiempo. Espero a que a mi consciente devenga algún tipo de idea que me haga reflexionar sobre la existencia de alguna realidad por explorar, algo que me confirme que no estoy en un sueño, en algún cuento literario de otro tipo de ser que forme parte de un universo con dimensiones superiores.

Suele suceder, todo comienza con un principio prometedor, un párrafo que te abre la puerta a algún rincón de tu personalidad que antes no has explorado. Esto se puede identificar si coincide con nuestro sentimiento de sorpresa.

El problema viene cuando debemos desarrollar el primer párrafo, pasar al otro lado de la puerta que se abre. Porque ¿Y si descubrimos un universo que no habíamos contemplado, un lugar que no contiene conceptos y por lo tanto palabra, que no se puede materializar en literatura? Y si no tiene palabra ¿Podremos crearlo para después describirlo? Este es el miedo que se me aloja en el alma cuando escribo: tener un nuevo cosmos delante de mi y no poder comunicarlo, expresarlo con palabras para poder materializarlo en este mundo.

Wednesday, February 24, 2010

Otra forma de ver las cosas

Llegado hasta aquí, puedo ver la vida desde otro punto de vista. Sí que es una lástima que tengamos que vivir tanto tiempo para darnos cuenta de que todo este circo no es, ni será, lo que hemos trazado con nuestra filosofía. Por mucho que nos digan, por mucho que leamos, que conversemos... no somos conscientes de todo lo equivocado que posiblemente estemos. Y sin embargo, todo este esfuerzo es necesario para poder llegar hasta aquí. Son esas cosas de la evolución: millones de años creando una mente semivacía para que el cosmos pueda explorar nuevas posibilidades, nuevas formas de pensamiento, nuevas formas de experiencias.

Al principio, me imaginé como un todo, como una única consciencia que analizaba el mundo que me rodeaba. Experimentaba la vida reconociéndome en mis pensamientos, en la particular forma de enfrentarme a los problemas, en mis creencias recolectadas en el transcurso del tiempo vivido: la vida fluyendo desde la profundidad de mi voluntad hacia el universo.

Después de algún tiempo, esta idea fue cambiando. Observé la influencia ejercida sobre mí de las personas que me habían acompañado en mi sino. Veía como el fluir de los años compartidos habían ocasionado efectos en mi interior, reinventándome a cada instante, a cada conversación mantenida con los que me rodeaban. Descubrí como los motivos que antes me definían no era tanto gracias a las reflexiones obtenidas de mi capacidad analizadora, sino de la información, experiencias, impresiones y pensamientos que mis semejantes irremediablemente, habían compartido conmigo, dejando su huella en mi interior. Podría imaginar que esa influencia la tamizaba a través de mis gustos, de mi raciocinio consciente... Sin embargo, la corriente no iba de mi razón a mi sinrazón, sino más bien todo lo que me rodeaba impactaba como un meteorito en mi inconsciente, creando ondas expansivas hasta llegar a esa parte consciente, equivocadamente autodefinible. Era, en definitiva, un producto hecho de retales, de trozos de vida que comparto con otras personas.

Hoy, irónicamente descubro la totalidad de la situación. Veo la gente que ha venido a mi velatorio y contemplo la influencia que he ejercido sobre los que me han rodeado. Todo es obra de esa parte sin forma que define mi alma más allá de definiciones. Escucho en bocas de otros, con cierta curiosidad, mis propios pensamientos, que no son tan propios, mis experiencias, que son colectivas y la influencia que han ejercido sobre los demás. Incluso, hay personas que recrean partes de mi vida que se me habían olvidado, o tal vez nunca existieron, salvo en la memoria de los que existieron en el mismo tiempo. Todo ello no son más que impactos de mis acciones sobre la mente de las personas que me acompañaban. Al final, ellos también son retales de vidas compuestas por mis propias experiencias.

Así, en estos último segundos que me da la naturaleza antes de desaparecer, antes de que todo termine, puedo ver el conocimiento captado por mi cerebro y vertido sobre otras almas que me han rodeado, reviviendo cada vez que alguien me recuerde hasta que caiga en su olvido. De esta forma, dejaré en este universo lo que desde mi nacimiento el propio cosmos andaba buscando: llenar mi mente semivacía para poder explorarse.

Tuesday, January 19, 2010

Entrelazamiento

Veo la efervescencia de mi interior con cierta curiosidad, mezclado como la espuma de las olas que surge cuando rompen en la orilla del relato cotidiano.

Hay formas en las que me puedo reconocer, o alguien en mi interior se reconoce. Ideas que me han acompañado durante toda mi vida, ilusiones que han marcado mi dirección, gustos que siempre han excitado sublimes sentimientos. También, miedos que me coartan, rabias originadas por los mismos motivos, represiones que me definen... Y todo este amasijo indefinido de sentimientos y decisiones que ha ido tejiendo mi historia personal, que ha surgido del transcurrir de mi existencia, es lo que reconozco como mi identidad.

Sin embargo, hace algún tiempo, me sorprendo escuchando el borboteo residual de mis pensamientos. Esos que no alcanzan a tener suficiente energía como para poder tener unidad, sombras en estado líquido. Y quitando con esfuerzo el raciocinio fosilizado de siempre, veo otra posible existencia.

Sueño con una persona urbana, sofisticada en las formas de vestir, viviendo en una gran ciudad, donde inunda lo contemporáneo, la vanguardia en el modo de vida... En otras ocasiones, puedo dibujar una persona en contacto con la naturaleza, más salvaje, más cercana con su parte primitiva, visionando la esencia de la naturaleza, disfrutando del tiempo calmado ,acompasado al ritmo del universo.

Puedo pensar que esto son posibilidades frustradas, ramificaciones de una vida que pudo ser, pero que en ciertas bifurcaciones he abandonado. Sin embargo, no deseo mirar ese sonido residual como oportunidades abandonadas en el camino, sino más bien como posibilidades aún activas. Elementos de mi interior que surgen a cada momento en el intento de cambiarme, de transformarme en otra persona. Y esto, me fascina. Toda esta efervescencia no son frustraciones, ni posibilidades muertas irrealizables, sino más bien esa parte de mí que existe entrelazada, esperando su oportunidad y que puede, en ocasiones, que esa parte líquida pase a formar parte del jardín de ideas cristalizadas, donde me reconozco.

Ahora sé que no soy una persona estática, definida por mi historia, fosilizada en una vida. Puedo ver mi parte licuada, que me acompañará toda mi vida, en el ruido de fondo, entrelazada en esa parte que reconozco como mía y que ahora sé que es semifluida.

Wednesday, December 16, 2009

Rodin y sus monstruos esenciales

Admirar los monstruos de Rodin te contecta con la parte más primitiva de tu interior. Esa parte que tenemos olvidada, más bien escondida, entre toda la sofisticación y artificialidad que nos rodea. Observar los movimientos joviales de Pan, algunos centáuros y otros animales del imaginario colectivo nos recuerda que existe un mundo del que nacimos unido a la naturaleza.

Aquí no se retrata la monstrousidad de la deformación, de lo real difuminado entre las mentiras y las malas intenciones, de la doble moral y la ciega creencia de creerse en la verdad a costa de la vida del prójimo. Nos expresa la bella monstruosidad de los primeros pasos de la evolución, la búsqueda de la perfección por encima de la propia identidad, dejándola con cada sucesiva metamorfosis, aunque en algunos casos no sea siempre así: el error forma parte de la aventura.

Así podemos encontrar formas entrecruzadas, mezcladas entre varias posibilidades como hadas, mujeres aladas donde se representa la feminidad de la libertad creadora, centauros donde la masculinidad y la nobleza del caballo se combina con toda perfección, o los sátiros que nos recuerda que debemos divertirnos en los placeres del sexo jugando con nuestros deseos.

Es un mundo de monstruosos esenciales, semillas de creación que albergan toda esperanza, todas las posibilidades entrelazadas en una misma esencia, en un mismo instante de tiempo.

Thursday, November 05, 2009

Viviendome a mi lado

Me di cuenta de repente. Empezó el día como otro cualquiera pero al final, fue distinto. Tan distinto que por su naturaleza podría estar escrito en un diario personal, si tuviera uno y escribir algo así: Yo estaba ahí y no aquí. Y eso hizo el día especial.

Mi cuerpo vivía. Lo puedo afirmar porque respiraba, comía, se movía, cagaba... Pero, yo no estaba dentro. Yo estaba al lado. Simplemente miré a la izquierda y allí estaba, fuera de mí o tal vez yo fuera de él.

Al principio, me recorrió un escalofrío por toda mi espalda (lo supe porque vi como mi espalda de la izquierda se erizaba) y sentí en mi interior una fractura paralizante. Inmediatamente después, comencé a hacer todo tipo de preguntas: ¿Cómo ha pasado?¿Qué he hecho para merecer esto?¿Qué significa todo esto?¿Cuándo volveré a mi cuerpo?... Por último, vinieron los sentimientos: consternación, asombro, miedo, incertidumbre, reír por no llorar, llorar por no reír... Y por último, vino la penosa aceptación. La aceptación que uno necesita para seguir adelante, pero que en el fondo de uno mismo, se rebela al mismo tiempo.

Pero todo cambio nos precipita hacia una nueva vida que nos asusta, nos encoje, todo porque nos desconcierta. Sin embargo, después de haber vivido así durante un tiempo, concibo mi nueva situación desde otra perspectiva. La disyuntiva de estar ahí y aquí, hace que mi vida resulte más enriquecida. Me hablo continuamente, a veces discutiendo, otras hablando animadamente, de vez en cuando me bromeo, pero sobre todo me escucho. Y esto es lo que hace que mi nueva vida sea tan nueva, tan desconcertante, tan... tan conectada.

Ahora no sólo me escucho a mí, sino que la escucha se ha convertido en un valor mucho más interesante de lo que pueda parecerme en un primer momento. Escucho a las personas , no desde la posibilidad que tengo de hacerle la contra, sino desde la posibilidad de entablar una relación sinérgica, empática, condescendiente, amable. Y cuando escuchas de ese modo, empiezas a escuchar no sólo a las personas, sino también a todo el universo que te rodea.

Ahora me vivo completo y recuerdo con cierto desagrado mi vida anterior: ¿Cómo no me dí cuenta antes que escuchar es la primer paso para conocer? Como explorador que soy de ésta, mi vida, la escucha me ha dado la posibilidad de explorar este mundo de una forma mucho más fascinante. Todo cambio nos precipita a un nuevo universo y la forma de ese universo lo configura la facilidad que tengamos de desechar lo que no necesitamos.


Monday, June 02, 2008

Conectados

El individuo no es más que una mera ilusión. La existencia individual separada del todo sólo es un sueño tejido por mi consciencia que no deja de ser otra ilusión. Mi pensamiento deriva entre diferentes alternativas, pero el origen de todas estas ideas es una difusa imagen de diferentes aristas, diferentes personalidades que componen el caos interno que me define.

A mi consciente sólo llega aquellas olas del mar de mi inconsciencia, lo suficientemente poderosas como para tener entidad propia. Y todas estas identidades nacen de los influjos de mis cercanos, de las interacciones de mis semejantes que influyen irremediablemente en mi arcilloso inconsciente.

Hasta ahora me resistía a su influencia, ajeno al conocimiento que significa el hecho de que los que me rodean no soy más que yo. Vivía en el sueño de lo individual, de lo personal, de mi yo interior, de mi dios interno, de mi consciencia. Ahora, veo con cierta perplejidad como mi identidad fluctúa entre las diferentes relaciones que componen mi vida, los diferentes 'buenos días' que inician toda conversación y por tanto una nueva influencia dentro de mi interior.

Y los más intrigante es que todos somos ese mismo flujo. Tejemos entre nuestras conversaciones retales de personalidades, todas distintas, todas singulares y de alguna forma personales. Sin embargo, esta personalidad no surge de la voluntad interior del hombre, sino más bien de la diversidad de las interacciones que surgen en el mundo.

Puedo ver como todos estamos unidos por un gran manto tejido a través de nuestras acciones, un 'patchwork' definido por nuestras pequeñas pasiones definiendo esa gran personalidad que es el inconsciente colectivo. Y así, entre los pequeños inconscientes y el gran inconsciente colectivo nos definimos como humanidad.

Monday, April 28, 2008

La selva Pessoa

Hacía tiempo que no paseaba por esta selva, la selva Pessoa. Olvidé lo que era perderse en sus bosques de frases exóticas, en los pensamientos sutiles de la futilidad de la vida, sentir desde la no acción, saber que vivir es soñar y soñar es vivir.
Y en el equilibrio de sus palabras, en su demencia razonable, descubro esos paraísos interiores que tenemos todos y que por no sé que razón, olvidamos en la vorágine de la vida. Cuando conectas con sus palabras, cuando disfrutas de los paisaje psicológicos descritos por sus párrafos, sientes que aún tienes ese punto especial, conectas con esa parte de ti que tienes olvidada y que hace que te sientas humano. Descubres como el no-ser a veces es la única forma de estar en este mundo lleno de caos e indeterminación, y de la mano de Pessoa adviertes que esta locura que te engulle puede ser la fuente de tu paraíso oculto, de tu selva oculta que como selva es una amenaza, pero también tiene rincones donde el espíritu se eleva, se hace Dios, o mejor aún, se hace humano.
Hacía tiempo, mucho tiempo, demasiado tiempo que no me paseaba por la selva Pessoa.

Thursday, February 07, 2008

Escuchando voces del pasado.

Regreso a mi mismo, a ese otro que escribió hace un tiempo. Me redescubro en siluetas que no adivinaba que podrían ser. Las palabras se aposentan y las ideas con ellas. Intento descubrir quien era yo desde el ahora, hacia el ayer. Menos mal que me veo difuso, etéreo, lejano, descubriendo nuevos mundos entre las frases que quedaron hace tiempo. Rescato esa parte que habla desde el fondo de mi interior, más allá del instante. Ahora, en las palabras de ayer, escucho el mensaje concreto que en su momento no alcanzaba a deducir, sentir, escuchar... y entiendo que la voz susurrante de mi inconsciente desliza sus voces sabias, esas voces que nos hablan sin que las escuchemos. Bajo el ruido del hoy, bajo la algarabía del instante presente , vivido pero no sentido, se puede descubrir esa voz interior que te anima, atiende, sincera, siente.
En el momento presente, a ti que no te escucho ahora, que te escucharé cuando te lea dentro de un olvido, te expreso mi más sincero agradecimiento por acompañarme en mi vida, en mi historia, en mi proyecto, en mi exploración de este mundo que tanto me gusta.

Thursday, November 16, 2006

Una idea primigenia

Otra vez, desde el fondo de la oscuridad, se desvelan imágenes de mundos imprecisos que juegan a pensar que son verdad. Recipientes ligeros que poco a poco se van llenando de ideas vagas que alguna vez, en el tiempo, fueron primigenias y que dependiendo del alma que las escucha se revelavan en diferentes formas, colores, sabores.
Alguna vez en la vida, me gustaría tener esa sensación. La misma que debe producirse cuando te visita una idea de esas que son primigenias, que nunca antes ha sido pensada, que no es la suma de otras varias ideas más pequeñas, que tiene una nueva naturaleza, tan nueva que me cambie por dentro de una manera que cuando pase el tiempo no pueda reconocerme. Una idea tan radical que tenga que sacrificarme para poder nacer un otro que llevo en mi interior, o tal vez ese vacío que somos todos.

Thursday, July 27, 2006

La oscuridad

Al principio todo es oscuridad, siempre es oscuridad. Después, con una violenta explosión, nace. Pero antes, dentro de la oscuridad, en la sombra, empezando desde el vacío se va formando lo nuevo. Poco a poco, desde la ausencia de luz, se va construyendo siluetas, aristas. Al principio suaves, indefinidas, amorfas que poco a poco van concretándose, construyéndose, definiéndose lo que en un principio solo fue idea. Cuando la forma está terminada, entonces comienza la lucha por querer existir, la voluntad necesaria para poder concretarse en este mundo, en este universo.

Y al final o se nace o se perece enfrentándose por primera vez la vida y la muerte. Si no se llega a existir se queda en algo que pudo ser pero que no fue, en un sueño fugaz, en uno de tantos de esos que emerge desde nuestro inconsciente para luego volverse a hundir.